“𝐄𝐥 𝐝𝐨𝐥𝐨𝐫 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭á𝐬 𝐩𝐚𝐬𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐞𝐭𝐞𝐫𝐦𝐢𝐧𝐚𝐫á 𝐭𝐮 𝐟𝐮𝐭𝐮𝐫𝐨. 𝐓𝐮 𝐟𝐮𝐭𝐮𝐫𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫á 𝐝𝐞𝐭𝐞𝐫𝐦𝐢𝐧𝐚𝐝𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐢é𝐧 𝐞𝐫𝐞𝐬 𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐚𝐭𝐫𝐚𝐯𝐢𝐞𝐬𝐚𝐬 𝐭𝐮 𝐝𝐨𝐥𝐨𝐫.”
— 𝐌𝐚𝐫𝐢𝐚𝐧𝐧𝐞 𝐖𝐢𝐥𝐥𝐢𝐚𝐦𝐬𝐨𝐧
Se llora y se sigue.
Porque las mujeres fuertes también lloramos.
Porque portamos nuestras heridas, las que sabemos que estarán ahí siempre, las que pudimos comprender y aceptar, las que llevaremos con amor y dignidad hasta el último umbral.
Lloramos porque hemos aprendido a darnos espacio con nuestro todo. A aceptarnos blanditas y permeables. Porque aprendimos a honrar nuestras lágrimas, pues traen la medicina de los finales.
Las mujeres fuertes también lloramos. Por eso somos fuertes. Porque no tenemos miedo a nuestra fragilidad, porque no le tenemos miedo a rompernos, pues sabemos que lo que se rompe se puede volver a juntar, y en última instancia se quedará en el camino, o se transformará.
Se llora y se sigue. No hay nada malo en llorar.
Las lágrimas liberan y nos hacen resilientes. Suavizan la piel, acarician nuestro corazón. Nos conectan con la ternura.
Las lágrimas son agua, la misma sustancia que se necesita para que se dibujen los Arcoiris en el cielo. La misma sustancia de la que provenimos. Agua, que limpia, purifica, regenera, nutre y cura. El agua se lo lleva todo.
Se llora y se sigue. Con la mirada despejada, el corazón más liberado, el alma más sabia.
Se llora y se sigue, con la lección aprendida, la enseñanza integrada, la emoción alquimizada.
No hay nada malo en llorar, en ablandarse y dejar pasar. Se llora y se sigue.
Se llora, y se sigue.
Con amor, también para los hombres que lloran,
Noraya