
Estos días estoy necesitando mucho vacío, y la reforma de casa (que empezó a principios de septiembre) todavía no me da tregua. Ser mamá y estar a cargo de dos criaturas en dos septenios diferentes en plena pre-Navidad, sólo ayuda a procastinar más… o quizás no. Me recuerdo que los procesos grandes necesitan Tiempo. Y los procesos mayores, un Tiempo mayor. Como es adentro, es afuera y como es afuera, es adentro.
Desde hace casi un año estoy necesitando nido, espaciosidad, silencio y naturaleza. Y me lo doy, pero todavía necesitaría más. Y este otoño… he necesitado vaciarme más. De lo que ya no soy.
Vacío…
Vacío para acompañarme un poco en aquello que me pide morir y desaparecer. Para despedirme bien, revisar qué me ha enseñado, cómo me ha ayudado a crecer ya expandirme, y comprender desde los huesos por qué ya no tiene sentido en la nueva etapa que comienza. Hay una identidad que me genera estrechez, como un viejo vestido que aprieta, o unos zapatos estrechos que duelen al caminar.
La nueva identidad que se abre paso, viene ligera y audaz. No se queda donde las cosas se ponen densas y complicadas, es suave, amable, sociable, creativa. Se toma más a la ligera.
He muerto tantas veces que he llegado a comprender que la muerte es sólo una fase de la vida que necesita ser «vivida». Paradojas de la vida…
Una vez oí decir a uno de mis maestros que estamos muriendo constantemente. Y así es; nuestra células están muriendo todo el rato, y al hacerlo se transforman en luz, unas partículas de luz conocidas como biofotones». Los procesos de muerte y de putrefacción existen única y exclusivamente para mantener y perpetuar la Vida… wauuu, esto me parece increíble. Así que me encuentro muriendo una vez más, y este Solsticio, con la promesa de la Luz que se renueva sin cesar, ilumina un poco el canal de parto en el que me encuentro. Quiero vivir esto, la oscuridad del canal de parto, el silencio antes del amanecer. este otoño no he podido vivirlo muy hacia adentro como a mi me gusta (reforma, trabajos, despedidas de lo viejo que pedían mirada a gritos, burnout…) y ahora quiero HIBERNAR.
Encontraré, como siempre lo he hecho, la forma de hacerlo en medio del caos, del bullicio, en el corazón de la ciudad. Podré hibernar en mi nido, encontrare refugio adentro, me dejaré acariciar por las suaves y cálidas ondas de mi corazón.
Una vez más voy a usar esta newsletter para rescatar uno de mis textos preferidos,uno que invita a dejar entrar el invierno en nuestras vidas; porque el invierno da sentido a la primavera, porque la oscuridad es donde se cobija la semilla mientras no está madura, porque en el fértil vacío es donde se gesta la luz y la vida.
El invierno precede a la primavera.
La oscuridad precede y gesta a la Luz.
El vacío contiene todo.
Invitar al invierno a entrar en nuestra vida es permanecer presente en los periodos donde todo parece paralizarse. Son periodos de integración de ciclos, en los que muchas veces parece que no pasa nada, aparentemente nada de mueve, hay una sensación de que todo sigue adelante sin ti. Aprender a reconocer este proceso, hacer espacio para él, apreciarlo ver qué podemos aprender de él, nos ayuda a madurar nuestra espiritualidad y amplía la percepción acerca de cómo se relaciona lo que ocurre (o no ocurre) afuera, y lo que sucede en nuestro interior.
A veces, este invierno que se cuela en nuestras vidas a través de una enfermedad o la enfermedad de aún familiar o alguien muy querido, otras veces, tiene que ver con el proceso de integración de un gran cambio en nuestra vida. Sea como sea, estar con el invierno, darle la bienvenida a estos periodos de quietud y recogimiento, trae bendiciones escondidas, fortalece nuestro espíritu y nutre nuestra alma de calor interno, mientras la luz de la primavera interior va llegando suavemente.
Que podamos mantener la observación silenciosa y amable de los ciclos dentro y fuera.
Que podamos honrar cada etapa y aprender de ella. Hemos venido a vivirlo todo.
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“𝑳𝒂 𝒑𝒂𝒖𝒔𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝒊𝒏𝒗𝒊𝒆𝒓𝒏𝒐 𝒏𝒐 𝒆𝒔 𝒖𝒏 𝒗𝒂𝒄í𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒍𝒍𝒆𝒏𝒂𝒓, 𝒆𝒔 𝒖𝒏 ú𝒕𝒆𝒓𝒐 𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝒒𝒖𝒆 𝒈𝒆𝒔𝒕𝒂𝒓”
— 𝑴𝒂𝒓𝒊𝒔𝒔𝒂 𝑪𝒐𝒓𝒓𝒆𝒊𝒂
Que el invierno te encuentre dulcemente, al refugio de tu corazón.
Noraya.