Cuando llega la adversidad.
Aquí y ahora.
El tiempo del corazón es el presente continuo, y su espacio el infinito.
Somos aquello en lo que nos estamos convirtiendo.
Somos, también, lo que nos incomoda mirar; nuestra inseguridad, nuestra vergüenza, nuestra necesidad de controlar lo que nos ocurre. Practicar la mirada sincera y honesta hacia lo que sentimos, aunque resulte incómodo, vengonzoso, o parezca indigno, es, más que nada, una forma de practicar el amor y la aceptación radical acerca de quién somos, y quien creemos que somos.
No evitaremos las decepciones, perderemos el control. Olvidaremos. La vida nos sacudirá cerrándonos caminos que creíamos abiertos, la muerte aparecerá indefectiblemente y sin avisar. Envejeceremos, enfermaremos. También lo harán nuestros seres queridos. Y ahí, oh maravilla, encontraremos tesoros escondidos.
Vida. Muerte. Vida.
R e g e n e r a c i ó n.
La vida se regenera constantemente.
Las creaciones más sublimes y hermosas de nuestra vida pueden venir de haber sido capaces de hacer alquimia de nuestros momentos más oscuros.
El invierno llega para fortalecer y nutrir las raíces, el barbecho prepara y fertiliza el campo.
El camino del corazón es un camino para amarnos. Incondicionalmente, completamente. No tiene nada que ver con ser “buenos”, esquivar el conflicto o evitar el dolor. Más bien, justamente con vivirlo todo. Acoger nuestras partes más oscuras y abrazarlas suavemente. Revisar nuestra historia, contárnosla de nuevo sin omitir nada, para luego poder soltarla y ofrecerla al mundo como una semilla, es una forma de aprender a amarse radicalmente, con cruda honestidad.
Acepta donde estás. Descansa en lo que eres.
Con amor,
Noraya
(Publicado el 18 de enero de 2022)